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Un portavasos robado dice más que cualquier reseña de cinco estrellas.
Allí estaba yo en aquella barra, sin que nadie me viera, metiendo en el bolsillo de mi chaqueta un cartón redondo azul celeste con una frase impresa en caligrafía dorada: "Lo bueno de Buenos Aires son sus aires."

Lo que tu cliente ya decidió de tu marca antes de probar tu producto
Tus clientes llegan, comen y no vuelven. Has probado de todo: menú impecable, servicio a tiempo, un buen equipo que sabe lo que hace. Pero el local no se llena todos los días y las reseñas siguen tibias.

Las palabras "ricas" empobrecen tu menú
Nada me choca más que leer descripciones de platos en una carta con una fila de palabras infladas: "Delicioso", "Espectacular", "Divino".

Un portavasos robado dice más que cualquier reseña de cinco estrellas.
Allí estaba yo en aquella barra, sin que nadie me viera, metiendo en el bolsillo de mi chaqueta un cartón redondo azul celeste con una frase impresa en caligrafía dorada: "Lo bueno de Buenos Aires son sus aires."

Lo que tu cliente ya decidió de tu marca antes de probar tu producto
Tus clientes llegan, comen y no vuelven. Has probado de todo: menú impecable, servicio a tiempo, un buen equipo que sabe lo que hace. Pero el local no se llena todos los días y las reseñas siguen tibias.

Las palabras "ricas" empobrecen tu menú
Nada me choca más que leer descripciones de platos en una carta con una fila de palabras infladas: "Delicioso", "Espectacular", "Divino".

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Allí estaba yo en aquella barra, sin que nadie me viera, metiendo en el bolsillo de mi chaqueta un cartón redondo azul celeste con una frase impresa en caligrafía dorada: "Lo bueno de Buenos Aires son sus aires."

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Las palabras "ricas" empobrecen tu menú
Nada me choca más que leer descripciones de platos en una carta con una fila de palabras infladas: "Delicioso", "Espectacular", "Divino".