La marca solo aparece cuando hay algo encima.
La apertura del segundo local. La visita del periodista. La temporada de verano. Cada vez llega con fecha límite y sin nada preparado. Se resuelve sobre la marcha, con lo que hay, como se puede.
El resultado no es malo. Pero tampoco es lo que el negocio merece. Y la próxima urgencia va a llegar igual.
La marca nunca está lista porque nunca tuvo un sistema detrás.