En algún momento se perdió el control.

Cada línea nueva tomó sus propias decisiones. Cada proveedor interpretó los colores a su manera. El portafolio creció, pero dejó de verse como una sola marca. Ahora tienes productos que no se reconocen como familia aunque vengan del mismo productor.

Ese problema tiene solución. Las decisiones visuales tienen que cerrarse y quedar donde cualquier imprenta o distribuidor pueda usarlas sin consultarte.

Mira cómo lo resolvemos.

Comer. Beber. Branding

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